Retratar no es solamente plasmar una cara en una imagen. Es, por el contrario, el resultado de un cúmulo de sentimientos y vida, una conexión entre el modelo y el fotógraf@.

El retrato es mi pasión, cada día descubro en él nuevas posibilidades de expresión. Así, cuando me coloco frente a un rostro es para inmortalizar no sólo una cara, si no una historia, un sentir y, en resumen, una vida. A todo ello se suma, siempre, una pizca de mis propios sentimientos, que también quedan plasmados en cada fotografía en forma de luces, sombras y otros detalles que varían según el estado de ánimo.

Miradas que esconden amor, desamor, arrugas que marcan sufrimiento, sonrisas que expresan esperanza, y un sin fin de escenas más.
“ El mejor paisaje que se puede retratar es el del rostro humano”






